lunes, 2 de agosto de 2010
Gol de Peñarol
María es una minúscula muchachita endemoniada. Tiene ocho años, tez oscura, y los ojos saltones que heredó del padre. De vocabulario callejero y tonalidad netamente charrúa, ella recorre -sin perderse- las veredas de Maldonado, su lugar en el mundo. Allí convive diariamente junto a las bondades del pueblo, el cual se caracteriza básicamente por su armonía social. Los termos bajo el brazo, el ir y venir de los vecinos que frecuentan panadería, carnicería, verdulería, y los picados de fóbal entre púberes promesas que sueñan ser Forlán, no son más que escenas comúnes.
Eso sí, a veces, cuando aterriza un argentino, no es bien recibido. Mejor dicho, un argentino "caracterizado".
Felipe va caminando hasta la casa de la abuela de María, y cuando está llegando, un coro de botijas imberbes le gritan "bostero puto". En ese instante, la casaca azul y oro que lleva con orgullo se arruga,
tratando de ingresar lo más rápido posible a la casa. Allí están María
y su abuela Nelly. Doña Nelly es de esas personas que son tan pero tan amables que agobian.
- ¿Querés tomar algo?
- Bueno, un poco de jugo.
- Ahí tenés masitas, si querés.
- Le agradezco, pero recién desayuné.
- ¿Querés más jugo?
- No, gracias, ya no tengo más sed.
- Ah, tenés masitas para comer.
- Sí, gracias. No tengo hambre.
Luego, cuando María vuelve del baño, por fin pueden establecer una conversación entre tres. Doña Nelly puso la pava en la hornalla, y Felipe prometió no rechazar la invitación a tomar unos amargos. Siendo las 10 AM, en la TV no hay nada para ver, por lo tanto, manda la radio. Un tango de Julio Sosa hará que Doña Nelly se rinda ante el receptor. A mitad de cebada, Nelly le comenta a Felipe lo mucho que María le habló de él, mientras María se ruboriza. A decir verdad, Felipe también se siente incómodo. Por ello, de ahora en más, él buscará cambiar de tema aunque le resulte complicado. "¿Cómo es aquí la vida?" será la pregunta idiota que intentará desviar la charla.
Por un rato, Doña Nelly luce apasionada al contar sus vivencias, mientras Felipe le presta atención con tal de eludir el tópico anterior. Entretanto, María se fue a su habitación, se está cambiando para salir a la calle con colores distintos. Una vez que irrumpe en la cocina, Nelly le dice: "Qué bonita estás, María. ¿Te vestiste así por alguien en especial?". Silencio. Segundos más tarde, Nelly redobla la apuesta: "Niño, dile lo linda que está y llévala a tomar un helado". Demasiado por hoy para ambos. Con un susurro audible, María le implora a su abuela que no hable pavadas y de paso, le pide dinero. Felipe se levanta de la silla de manera avispada, agradeciendo a Doña Nelly por su hospitalidad, y despidiéndose con un "nos vemos" indeseado. Ni bien María cierra la puerta, afuera espera lo peor.
Los mismos guríces que bardearon a Felipe, dejan de jugar a la pelota por un minuto y gritan: "presentanos a tu novio, María". Haciendo oídos sordos, Felipe y María caminan a paso veloz, hasta detenerse cuando un pelotazo impacta en la cabeza de Felipe. "Devolvenos la bola, amigo" grita uno, de forma socarrona. Furiosa, María se hace cargo de la situación y replica: "sí, cómo no". Acto seguido, toma la pelota, la deja picar unos segundos, y la patea enviándola a la casa de un vecino. Antes de que el malón se acerque, María y Felipe corren hasta perderlos, hallando refugio en un callejón que guardará sus besos escondidos.
Publicado por
Fede
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