"Quedamos" afuera del Mundial contra Holanda. Las imágenes del ST son: Batistuta estrellando un tiro en el palo, el Burrito Ortega expulsado tras una avivada de Van Der Sar, y el tándem Roa-Ayala viendo cómo baja la pelota Bergkamp para posteriormente terminar con el sueño argentino. Así se amarga un sábado futbolero.
Ese mismo día no era la revancha, pero me hubiese encantado. Desquitarme contra esos pibes que nos robaron la gloria, eso quería. Habíamos estipulado que se jugaba el domingo, el día después. Esperar masticando bronca fue una difícil tarea.
En el partido de ida, como ya había dicho, nos pegaron un baile total. Por delante quedaba revertir esa imagen, muy triste por cierto, la de un equipo que no se había tomado en serio el gran acontecimiento. Una charla grupal antes del segundo encuentro no vendría nada mal.
Ya que antes no lo había mencionado, lo voy a hacer a continuación. El as de espadas que teníamos, vivía y vive en la calle de la contra, por lo cual, tuvo que elegir qué camiseta defender. En realidad, era superlógico que optaría por nosotros, sus verdaderos amigos.
Su calle puede esperar. Por un rato, al menos.
A eso de las 17 nos reunimos en la esquina. Ellos no aparecían. ¿Abandono? No. Ahí vienen. A juzgar por sus pasos cancheritos, sobradores, parece que se agrandaron los muchachos. Qué feo. Nuestro orgullo está herido, casi de muerte, y eso no creo que signifique un buen indicio para el rival.
Acá no hay pan y queso, ya sabemos quién está de un lado y del otro. Pitazo inicial imaginario, y arrancamos. De entrada nomás, nuestro Messi desborda por la derecha, tira el centro, cabecea un compañero y 1-0 arriba Larcamón. Festejamos el gol tempranero, sacan rápido del medio y nos empatan. Distracción fatal. Todo recién comienza.
A diferencia del cotejo anterior, éste fue muy parejo. El tanteador cambiaba cada 2 minutos, siempre con la ventaja a nuestro favor, pero ganando por la mínima. El pibe de J. Miles que se nacionalizó para jugar en el seleccionado de Larcamón, condujo bien al equipo. Jugador clave si los hay, sus colegas lamentarían tenerlo enfrente.
En los minutos finales, con una diferencia de 3 o 4 goles, la victoria ya estaba asegurada. Hora de reivindación para todos, incluyéndome a mí, claro, con una actuación enorme. El no-gol con arco vacío del mencionado primer partido, se transformó en una simple anécdota.
Final.
Puño apretado, alegría incontenible, y mucha garganta para gritar: ¡¡¡Les rompimos el orto, la concha de su madre!!!
jueves, 17 de junio de 2010
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