jueves, 15 de julio de 2010
lunes, 12 de julio de 2010
Vida perra
Un lunes matinal de baja sensación térmica, él me cuenta anécdotas del fin de semana en el aula 103, mientras froto mis manos camufladas con guantes de lana. No funciona la estufa del salón, siento que mis párpados se cierran ante cada palabra pronunciada por él, casi en el mismo instante. Caigo vencido encima del pupitre, dándole a entender a mi compañero que no quiero escucharlo más.
Con la cabeza apoyada sobre el morral, lentamente me duermo. Todavía no llega el profesor, eso explica el murmullo general que invade al aula 103. Estoy flotando en el aire, me astraigo de la clase que se avecina. ¿Quién no ama odiar el nacimiento de la semana?.
Y justo cuando alcanzo el cielo en pleno sueño flashero, una dulce mano helada acaricia mi cabello. Sin abrir los ojos sospecho quién es, entonces simulo estar dormido para extender el placentero contacto. Ya no aguanto más, vuelvo en sí, y me da un beso. Hoy me enamoró más que nunca, luego de agradecerme una cosa que hice por ella.
Eso y muchas más cosas haría, chica con bonito bolsillo de atrás.
jueves, 24 de junio de 2010
Papá se va a Japón (III)
No logro recordar si hubo un tercer partido, el del desempate. Seguramente porque no me conviene. La cuestión es que el barrio quedó en paz: cada uno ganó su partido y todos contentos.
Hasta que...
Días, semanas, meses más tardes diría yo, de a poquito se asomaba un particular enemigo. Ahora mismo evoco su infeliz rostro y me dan ganas de desfigurarlo. Nombrarlo no vale la pena, lo llamaremos por su apodo, "cabeza de huevo".
Este pibe era bostero, vivía cerca de casa y cada tanto me lo cruzaba en los recreos del colegio. Con él comentábamos las usuales derrotas de los equipos de Bilardo y el Bambino, mientras el dream team conducido por Ramón Díaz se llevaba toda la gloria. Hasta que un día se cambió de vereda. Por una pelota y 10 pesos, se sacó la azul y oro para ponerse la banda roja. Un vendido importante.
Igualmente, eso no fue nada grave. Lo verdaderamente jodido era que se metía con nosotros, se hacía el amigo para después mandarse alguna forrada. En muchas ocasiones se peleó con Facu, mi vecino de enfrente que se mudó a Entre Ríos, o con Pablo, uno de los pibes de la otra cuadra. Siempre que pasaba eso saltábamos en su contra, simplemente por venir a jodernos cuando nosotros nada le hacíamos.
Dicho esto, nunca entendí por qué le seguíamos llevando el apunte y lo dejábamos participar en los partidos. Quizá no quedaba otra. O sí, pero nos gustaba mandarlo seguido a la mierda. Lo cierto es que paseaba su estupidez andante cada vez que podía, y hasta a veces nos daba pena. ¿Por eso íbamos a sus cumpleaños? Otra explicación no encuentro.
Gracias al cielo, un día se mudó. Igualmente siguió apareciendo por estos pagos, ya que su abuela vive acá. El auto destartalado del padre lo traía cuando estaba aburrido en su nuevo barrio. Pobre pibe, again.
A principios del 2000, "cabeza de huevo" festejó su natalicio no sé cuánto, y los pibes de Guillón estábamos invitados. Dos se bajaron. Estaban distanciados con el quetejedi. El resto, fuimos.
Un colectivo escolar nos llevaría hasta su nuevo hogar, situado en una zona heavy de Monte Grande. El bondi del progenitor de Marcos, un tipo realmente muy extraño, se sacudía como aquellos micros atestados de barras bravas. Se mueve para acá, se mueve para allá, ésta es la banda más loca que hay.
Una vez instalados en tierra vecina, se armó el picadito. La consigna era clara: Luis Guillón vs. Monte Grande, y a ver quién es el capo de Esteban Echeverría. Los panchos, las hamburguesas, y todo ese copetín al paso de los cumpleaños quedaba para el postre. Ante todo, el duelo futbolero.
Burros. Eso eran ellos. Los amigos del "cabeza de huevo" vieron pasar la pelota durante una hora y monedas, humillados con su hinchada vecinal de testigo. No eramos visitantes para nada, el resultado final (12-5) a favor nuestro demostró una superioridad notable.
El post partido no estuvo de más, pero a quién le importa. El objetivo estaba cumplido. Ganamos en todas partes. Como el Boca de Bianchi. Campeones intergalácticos...con el eclipse de luna ahí nomás.
Hasta que...
Días, semanas, meses más tardes diría yo, de a poquito se asomaba un particular enemigo. Ahora mismo evoco su infeliz rostro y me dan ganas de desfigurarlo. Nombrarlo no vale la pena, lo llamaremos por su apodo, "cabeza de huevo".
Este pibe era bostero, vivía cerca de casa y cada tanto me lo cruzaba en los recreos del colegio. Con él comentábamos las usuales derrotas de los equipos de Bilardo y el Bambino, mientras el dream team conducido por Ramón Díaz se llevaba toda la gloria. Hasta que un día se cambió de vereda. Por una pelota y 10 pesos, se sacó la azul y oro para ponerse la banda roja. Un vendido importante.
Igualmente, eso no fue nada grave. Lo verdaderamente jodido era que se metía con nosotros, se hacía el amigo para después mandarse alguna forrada. En muchas ocasiones se peleó con Facu, mi vecino de enfrente que se mudó a Entre Ríos, o con Pablo, uno de los pibes de la otra cuadra. Siempre que pasaba eso saltábamos en su contra, simplemente por venir a jodernos cuando nosotros nada le hacíamos.
Dicho esto, nunca entendí por qué le seguíamos llevando el apunte y lo dejábamos participar en los partidos. Quizá no quedaba otra. O sí, pero nos gustaba mandarlo seguido a la mierda. Lo cierto es que paseaba su estupidez andante cada vez que podía, y hasta a veces nos daba pena. ¿Por eso íbamos a sus cumpleaños? Otra explicación no encuentro.
Gracias al cielo, un día se mudó. Igualmente siguió apareciendo por estos pagos, ya que su abuela vive acá. El auto destartalado del padre lo traía cuando estaba aburrido en su nuevo barrio. Pobre pibe, again.
A principios del 2000, "cabeza de huevo" festejó su natalicio no sé cuánto, y los pibes de Guillón estábamos invitados. Dos se bajaron. Estaban distanciados con el quetejedi. El resto, fuimos.
Un colectivo escolar nos llevaría hasta su nuevo hogar, situado en una zona heavy de Monte Grande. El bondi del progenitor de Marcos, un tipo realmente muy extraño, se sacudía como aquellos micros atestados de barras bravas. Se mueve para acá, se mueve para allá, ésta es la banda más loca que hay.
Una vez instalados en tierra vecina, se armó el picadito. La consigna era clara: Luis Guillón vs. Monte Grande, y a ver quién es el capo de Esteban Echeverría. Los panchos, las hamburguesas, y todo ese copetín al paso de los cumpleaños quedaba para el postre. Ante todo, el duelo futbolero.
Burros. Eso eran ellos. Los amigos del "cabeza de huevo" vieron pasar la pelota durante una hora y monedas, humillados con su hinchada vecinal de testigo. No eramos visitantes para nada, el resultado final (12-5) a favor nuestro demostró una superioridad notable.
El post partido no estuvo de más, pero a quién le importa. El objetivo estaba cumplido. Ganamos en todas partes. Como el Boca de Bianchi. Campeones intergalácticos...con el eclipse de luna ahí nomás.
jueves, 17 de junio de 2010
Papá se va a Japón (II)
"Quedamos" afuera del Mundial contra Holanda. Las imágenes del ST son: Batistuta estrellando un tiro en el palo, el Burrito Ortega expulsado tras una avivada de Van Der Sar, y el tándem Roa-Ayala viendo cómo baja la pelota Bergkamp para posteriormente terminar con el sueño argentino. Así se amarga un sábado futbolero.
Ese mismo día no era la revancha, pero me hubiese encantado. Desquitarme contra esos pibes que nos robaron la gloria, eso quería. Habíamos estipulado que se jugaba el domingo, el día después. Esperar masticando bronca fue una difícil tarea.
En el partido de ida, como ya había dicho, nos pegaron un baile total. Por delante quedaba revertir esa imagen, muy triste por cierto, la de un equipo que no se había tomado en serio el gran acontecimiento. Una charla grupal antes del segundo encuentro no vendría nada mal.
Ya que antes no lo había mencionado, lo voy a hacer a continuación. El as de espadas que teníamos, vivía y vive en la calle de la contra, por lo cual, tuvo que elegir qué camiseta defender. En realidad, era superlógico que optaría por nosotros, sus verdaderos amigos.
Su calle puede esperar. Por un rato, al menos.
A eso de las 17 nos reunimos en la esquina. Ellos no aparecían. ¿Abandono? No. Ahí vienen. A juzgar por sus pasos cancheritos, sobradores, parece que se agrandaron los muchachos. Qué feo. Nuestro orgullo está herido, casi de muerte, y eso no creo que signifique un buen indicio para el rival.
Acá no hay pan y queso, ya sabemos quién está de un lado y del otro. Pitazo inicial imaginario, y arrancamos. De entrada nomás, nuestro Messi desborda por la derecha, tira el centro, cabecea un compañero y 1-0 arriba Larcamón. Festejamos el gol tempranero, sacan rápido del medio y nos empatan. Distracción fatal. Todo recién comienza.
A diferencia del cotejo anterior, éste fue muy parejo. El tanteador cambiaba cada 2 minutos, siempre con la ventaja a nuestro favor, pero ganando por la mínima. El pibe de J. Miles que se nacionalizó para jugar en el seleccionado de Larcamón, condujo bien al equipo. Jugador clave si los hay, sus colegas lamentarían tenerlo enfrente.
En los minutos finales, con una diferencia de 3 o 4 goles, la victoria ya estaba asegurada. Hora de reivindación para todos, incluyéndome a mí, claro, con una actuación enorme. El no-gol con arco vacío del mencionado primer partido, se transformó en una simple anécdota.
Final.
Puño apretado, alegría incontenible, y mucha garganta para gritar: ¡¡¡Les rompimos el orto, la concha de su madre!!!
Ese mismo día no era la revancha, pero me hubiese encantado. Desquitarme contra esos pibes que nos robaron la gloria, eso quería. Habíamos estipulado que se jugaba el domingo, el día después. Esperar masticando bronca fue una difícil tarea.
En el partido de ida, como ya había dicho, nos pegaron un baile total. Por delante quedaba revertir esa imagen, muy triste por cierto, la de un equipo que no se había tomado en serio el gran acontecimiento. Una charla grupal antes del segundo encuentro no vendría nada mal.
Ya que antes no lo había mencionado, lo voy a hacer a continuación. El as de espadas que teníamos, vivía y vive en la calle de la contra, por lo cual, tuvo que elegir qué camiseta defender. En realidad, era superlógico que optaría por nosotros, sus verdaderos amigos.
Su calle puede esperar. Por un rato, al menos.
A eso de las 17 nos reunimos en la esquina. Ellos no aparecían. ¿Abandono? No. Ahí vienen. A juzgar por sus pasos cancheritos, sobradores, parece que se agrandaron los muchachos. Qué feo. Nuestro orgullo está herido, casi de muerte, y eso no creo que signifique un buen indicio para el rival.
Acá no hay pan y queso, ya sabemos quién está de un lado y del otro. Pitazo inicial imaginario, y arrancamos. De entrada nomás, nuestro Messi desborda por la derecha, tira el centro, cabecea un compañero y 1-0 arriba Larcamón. Festejamos el gol tempranero, sacan rápido del medio y nos empatan. Distracción fatal. Todo recién comienza.
A diferencia del cotejo anterior, éste fue muy parejo. El tanteador cambiaba cada 2 minutos, siempre con la ventaja a nuestro favor, pero ganando por la mínima. El pibe de J. Miles que se nacionalizó para jugar en el seleccionado de Larcamón, condujo bien al equipo. Jugador clave si los hay, sus colegas lamentarían tenerlo enfrente.
En los minutos finales, con una diferencia de 3 o 4 goles, la victoria ya estaba asegurada. Hora de reivindación para todos, incluyéndome a mí, claro, con una actuación enorme. El no-gol con arco vacío del mencionado primer partido, se transformó en una simple anécdota.
Final.
Puño apretado, alegría incontenible, y mucha garganta para gritar: ¡¡¡Les rompimos el orto, la concha de su madre!!!
jueves, 10 de junio de 2010
Papá se va a Japón
Por la tarde siempre sonaba el tiembre en casa. A la hora de la siesta no aparecían, casi, ya que siempre asomaban sus cabezas cuando yo estaba en plena merienda, mirando Magic Kids.
Dragon Ball, A jugar con Hugo, Nivel X, buenos tiempos aquellos. Estaba Menem en esa época, sí, pero qué carajo me importaba.
Riiiiiiing. No eran vendedores ni testigos de jehová, se trataban de los pibes del barrio. Algunos recién salidos de la escuela, todavía con el guardapolvo puesto, no decían ni "hola", solamente preguntaban: "¿salís a jugar?". La respuesta es fácil, diría Massacre.
Sería falso decir que Francia '98 inspiró el picadito diario. Poco antes del Mundial, cuando todavía estaba mi vecino de enfrente, la pelota también dijo presente. Oscurecíamos junto a ella en la calle. Nuestras madres no sabían qué hacer para meternos adentro, ese feo momento de despedida costaba asumirlo. Había que esperar hasta mañana para vernos nuevamente las caras. Mientras tanto, ducha, cena y a la cama.
Después de tantos partidos entre nosotros, armamos algo distinto. Una especie de clásico del domingo, contra un combinado de pibes que vivían a una cuadra de la nuestra. Cualquier semejanza con Springield vs. Shelbyville, mera coincidencia.
Creo que en ese enfrentamiento pseudo amistoso existía un sentido de pertenencia. Nosotros representábamos a la calle Larcamón, mientras que ellos defendían a la que corta dicho Teniente, siendo más precisos, Jorge Miles.
El primer chico lo jugábamos de visitante, con la cancha en bajada. Pese a esta deficiencia, los muchachos de George Miles le pusieron color al cotejo con unos arquitos de caño, pipí cucú. Mucha amistad, pero después nos pasaron por arriba. Fuimos un desastre. Yo pifié
un gol abajo del arco, ligando un merecidísimo coro de puteadas. Igual, la culpa era de todos. Post derrota, nos parecíamos a esto.
Dragon Ball, A jugar con Hugo, Nivel X, buenos tiempos aquellos. Estaba Menem en esa época, sí, pero qué carajo me importaba.
Riiiiiiing. No eran vendedores ni testigos de jehová, se trataban de los pibes del barrio. Algunos recién salidos de la escuela, todavía con el guardapolvo puesto, no decían ni "hola", solamente preguntaban: "¿salís a jugar?". La respuesta es fácil, diría Massacre.
Sería falso decir que Francia '98 inspiró el picadito diario. Poco antes del Mundial, cuando todavía estaba mi vecino de enfrente, la pelota también dijo presente. Oscurecíamos junto a ella en la calle. Nuestras madres no sabían qué hacer para meternos adentro, ese feo momento de despedida costaba asumirlo. Había que esperar hasta mañana para vernos nuevamente las caras. Mientras tanto, ducha, cena y a la cama.
Después de tantos partidos entre nosotros, armamos algo distinto. Una especie de clásico del domingo, contra un combinado de pibes que vivían a una cuadra de la nuestra. Cualquier semejanza con Springield vs. Shelbyville, mera coincidencia.
Creo que en ese enfrentamiento pseudo amistoso existía un sentido de pertenencia. Nosotros representábamos a la calle Larcamón, mientras que ellos defendían a la que corta dicho Teniente, siendo más precisos, Jorge Miles.
El primer chico lo jugábamos de visitante, con la cancha en bajada. Pese a esta deficiencia, los muchachos de George Miles le pusieron color al cotejo con unos arquitos de caño, pipí cucú. Mucha amistad, pero después nos pasaron por arriba. Fuimos un desastre. Yo pifié
un gol abajo del arco, ligando un merecidísimo coro de puteadas. Igual, la culpa era de todos. Post derrota, nos parecíamos a esto.
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