@RoCanRolNeNa Hoy este blog cumple tres años de vida. Suficiente.
que lastimado estaria mi pudor
si resulto ser la cara amable del termo twitter
140 caracteres
pueden meterselos profundo en el medio del ojete
me importa tres pepinos
perder un segundo mas en el rebaño de boludos con blackberry
Eso manifestó Calamaro (nacido un 22/8), luego de cerrar su twitter. Yo, simplemente digo: Buena Suerte y Hasta Luego.
domingo, 22 de agosto de 2010
miércoles, 11 de agosto de 2010
Atrévete-Re-né
@RoCanRolNeNa Hoy a la mañana estaba tarareando este tema mientras me rascaba el oído izquierdo con un cotonete..
martes, 10 de agosto de 2010
lunes, 2 de agosto de 2010
Gol de Peñarol
María es una minúscula muchachita endemoniada. Tiene ocho años, tez oscura, y los ojos saltones que heredó del padre. De vocabulario callejero y tonalidad netamente charrúa, ella recorre -sin perderse- las veredas de Maldonado, su lugar en el mundo. Allí convive diariamente junto a las bondades del pueblo, el cual se caracteriza básicamente por su armonía social. Los termos bajo el brazo, el ir y venir de los vecinos que frecuentan panadería, carnicería, verdulería, y los picados de fóbal entre púberes promesas que sueñan ser Forlán, no son más que escenas comúnes.
Eso sí, a veces, cuando aterriza un argentino, no es bien recibido. Mejor dicho, un argentino "caracterizado".
Felipe va caminando hasta la casa de la abuela de María, y cuando está llegando, un coro de botijas imberbes le gritan "bostero puto". En ese instante, la casaca azul y oro que lleva con orgullo se arruga,
tratando de ingresar lo más rápido posible a la casa. Allí están María
y su abuela Nelly. Doña Nelly es de esas personas que son tan pero tan amables que agobian.
- ¿Querés tomar algo?
- Bueno, un poco de jugo.
- Ahí tenés masitas, si querés.
- Le agradezco, pero recién desayuné.
- ¿Querés más jugo?
- No, gracias, ya no tengo más sed.
- Ah, tenés masitas para comer.
- Sí, gracias. No tengo hambre.
Luego, cuando María vuelve del baño, por fin pueden establecer una conversación entre tres. Doña Nelly puso la pava en la hornalla, y Felipe prometió no rechazar la invitación a tomar unos amargos. Siendo las 10 AM, en la TV no hay nada para ver, por lo tanto, manda la radio. Un tango de Julio Sosa hará que Doña Nelly se rinda ante el receptor. A mitad de cebada, Nelly le comenta a Felipe lo mucho que María le habló de él, mientras María se ruboriza. A decir verdad, Felipe también se siente incómodo. Por ello, de ahora en más, él buscará cambiar de tema aunque le resulte complicado. "¿Cómo es aquí la vida?" será la pregunta idiota que intentará desviar la charla.
Por un rato, Doña Nelly luce apasionada al contar sus vivencias, mientras Felipe le presta atención con tal de eludir el tópico anterior. Entretanto, María se fue a su habitación, se está cambiando para salir a la calle con colores distintos. Una vez que irrumpe en la cocina, Nelly le dice: "Qué bonita estás, María. ¿Te vestiste así por alguien en especial?". Silencio. Segundos más tarde, Nelly redobla la apuesta: "Niño, dile lo linda que está y llévala a tomar un helado". Demasiado por hoy para ambos. Con un susurro audible, María le implora a su abuela que no hable pavadas y de paso, le pide dinero. Felipe se levanta de la silla de manera avispada, agradeciendo a Doña Nelly por su hospitalidad, y despidiéndose con un "nos vemos" indeseado. Ni bien María cierra la puerta, afuera espera lo peor.
Los mismos guríces que bardearon a Felipe, dejan de jugar a la pelota por un minuto y gritan: "presentanos a tu novio, María". Haciendo oídos sordos, Felipe y María caminan a paso veloz, hasta detenerse cuando un pelotazo impacta en la cabeza de Felipe. "Devolvenos la bola, amigo" grita uno, de forma socarrona. Furiosa, María se hace cargo de la situación y replica: "sí, cómo no". Acto seguido, toma la pelota, la deja picar unos segundos, y la patea enviándola a la casa de un vecino. Antes de que el malón se acerque, María y Felipe corren hasta perderlos, hallando refugio en un callejón que guardará sus besos escondidos.
martes, 20 de julio de 2010
Made in La Plata
Por suerte el día se levantó lindo, ideal para sacarle muchas fotos que luego serán buen material para el chotolog o un álbum personal. ¡Domingo! qué ortiva que sos domingo, cómo odio tu cara, especialmente cuando no hay Torneo Clausura ni Apertura. Nadie me llamó porque el teléfono no anda, lo desconecté yo mismo para evitar saludos que me pondrían de muy mal humor. No necesito escuchar la voz de ningún pelafustán, quiero comer tranquilo las pastas del mediodía. El celular también lo apagué, no vaya a ser cosa que algún forro me quiera localizar mediante esa vía, y peor, con insulsos mensajitos de textos.
No los olvidé. Ellos pensaron que sí, pero deberían conocerme lo suficiente como para deducir que no voy a ser tan colgado de omitir nuestro reencuentro. Bueno, por ahí no recuerdan mi personalidad porque ya hace un mes, y más también, que no nos vemos. Es mucho tiempo para dejar de ver a tus mejores amigos. A mí me cuesta aceptar las cosas como son, y trato de erradicar la vida pseudo moderna que avasalla al calendario, aquella que te obliga a cumplir tus obligaciones y despojarte el mayor tiempo posible de lo más preciado. A lo mejor hay que bancársela, es el mundo de hoy, pero no, no me la banco, loco.
Los muchachos están mirando la tele. Parecen entretenidos con alguna repetición de esas películas del año del orto, mal traducidas. Nos saludamos efusivamente, como quien recién llega de un viaje extenso. El que vamos hacer ahora no es tan corto, así que mi amigo ya enciende la marcha de su auto. Para la merienda llevamos algunas galletitas por si pinta el hambre en la mitad del trayecto. El dueño del coche puso su radio favorita, la que pasa puro rock nacional y yo detesto. Al rato, por unanimidad será cambiada. El chofer tiene música programada, no tan buena, pero mejor que la anterior. Viajando, la música pasará a segundo plano.
Uy, ¿te acordás de aquella vez? Sí, parece que la evocación nostálgica más visceral se apoderó de nuestra conversación. Dejamos muchas historias dentro de las paredes escolares, varios momentos en las fiestas desorganizadas que terminaban en caos, y demás etcéteras. Todo tiempo pasado fue mejor dirá el tango, mientras el tiempo le da la razón. Eso no quiere decir que el presente sea una mierda, pero seria necio no decir que hace escasos años atrás eramos más felices que ahora, con más esparcimiento y sueños todavía ingenuos. Cuando crecíamos juntos, todo era más fácil, es más, podíamos hablar todos los días cara a cara. Ahora es complicado.
La República de los Niños y los zoológicos están repletos, agradezco por un instante el hecho de no ser padre. "Pasame otro mate" le digo a un amigo, mientras el que maneja sigue tirando su parecer acerca de diversos temas candentes. Después, cuando el horizonte cercano se va empobreciendo, nuestra charla encendida se apaga de a poco. Yo estoy a punto de llorar, no sé si de tristeza o de emoción, pero hago un esfuerzo para tragarme las lágrimas. Ya está, ahora hay que bajar del auto y caminar hasta la casa del tipo ese. Mientras observo las casas, me pregunto por dónde quedará esa pensión que cobijó mis primeros meses de vida junto a mamá y papá. Nunca lo sabré.
Es muy surrealista esto. No sé qué hago acá, en este hermoso hogar. Tengo ganas de irme, aunque antes hay que llevar las cosas al auto. La escalera estrecha podría causar algún error peligroso, debemos bajar con cuidado los objetos. Luego, llegado el momento de pagar, la situación se pone tensa. El platense no está dispuesto a ceder y mantiene firme su postura hasta la última consecuencia. Nos ganó. Marchamos con una rara sensación. A la vuelta, suena el casette de Los Rodríguez, mientras se me parte la cabeza. A pesar de mi dolor, reflexiono en voz alta: "pasamos un bonito día, eh". Ellos coinciden. Con lo bien que me siento ahora, no me conviene pensar en mañana.
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