Por la tarde siempre sonaba el tiembre en casa. A la hora de la siesta no aparecían, casi, ya que siempre asomaban sus cabezas cuando yo estaba en plena merienda, mirando Magic Kids.
Dragon Ball, A jugar con Hugo, Nivel X, buenos tiempos aquellos. Estaba Menem en esa época, sí, pero qué carajo me importaba.
Riiiiiiing. No eran vendedores ni testigos de jehová, se trataban de los pibes del barrio. Algunos recién salidos de la escuela, todavía con el guardapolvo puesto, no decían ni "hola", solamente preguntaban: "¿salís a jugar?". La respuesta es fácil, diría Massacre.
Sería falso decir que Francia '98 inspiró el picadito diario. Poco antes del Mundial, cuando todavía estaba mi vecino de enfrente, la pelota también dijo presente. Oscurecíamos junto a ella en la calle. Nuestras madres no sabían qué hacer para meternos adentro, ese feo momento de despedida costaba asumirlo. Había que esperar hasta mañana para vernos nuevamente las caras. Mientras tanto, ducha, cena y a la cama.
Después de tantos partidos entre nosotros, armamos algo distinto. Una especie de clásico del domingo, contra un combinado de pibes que vivían a una cuadra de la nuestra. Cualquier semejanza con Springield vs. Shelbyville, mera coincidencia.
Creo que en ese enfrentamiento pseudo amistoso existía un sentido de pertenencia. Nosotros representábamos a la calle Larcamón, mientras que ellos defendían a la que corta dicho Teniente, siendo más precisos, Jorge Miles.
El primer chico lo jugábamos de visitante, con la cancha en bajada. Pese a esta deficiencia, los muchachos de George Miles le pusieron color al cotejo con unos arquitos de caño, pipí cucú. Mucha amistad, pero después nos pasaron por arriba. Fuimos un desastre. Yo pifié
un gol abajo del arco, ligando un merecidísimo coro de puteadas. Igual, la culpa era de todos. Post derrota, nos parecíamos a esto.
jueves, 10 de junio de 2010
jueves, 27 de mayo de 2010
Confío
Los domingos en el club, salvo que Cristo siga allí en la cruz♪
Ahora que sabemos quién es quién, todo es más fácil. Viva la patria.
jueves, 20 de mayo de 2010
Solos y de noche
A las 18:45 ya estaba de noche. Me calcé las zapas viejas y me fui. Hice bien en agarrar las toppers abandonadas, el asfalto mugriento no dejaba pasar a las suelas lujosas, culpa del barro tal vez.
Cuando la oscuridad acecha, en mi cabeza siempre suena esta tema aquí posteado. ¿Por qué? No sé. Mataría que suene fuerte en una de esas casas mudas, mientras espero que el semáforo cambie de color, para poder cruzar nuevamente las calles resbaladizas.
lunes, 10 de mayo de 2010
El Sensei
Coincidió el tema de LPDA con aquellas vacaciones en Gesell. Coincidieron esas turras mendocinas con la fumata playera.
Por esta zona, otro es el color del paisaje, otra es la mala compañía. Boulevard Buenos Aires semidesierta, contiene a un grupo de rumbos difíciles de encaminar. Patean botellas vacías, hacen música con un falso cajón peruano, le ruegan al mundo que no los dejen fuera de él, y ese tipo de cosas.
Gracias a quién sabe, cada uno de ellos tiene a alguien al lado para ser escuchado. Y eso vale, chabón. Son historias mínimas que no van a la alcantarilla porque no merecen morir ahí, solas y abandonadas. Si la noche es tan larga, ganemos tiempo prestándonos atención.
Está bueno tener junto al sonido de tus pasos a un charlatán querible, capaz de entorpecerte el bocho a base de teorías o relatos ficticios, paridos por una mente psicodélica, y a su vez, muy sensible. Eso sí, cuando se pueda meter bocadillo, habrá que saber retrucar. Y si no estás a la altura, callate. Fumá. Justamente eso une este encuentro.
Los que se consideran artesanos levantan la mano e inician la ronda, mientras, el resto se refriega las manos. Todo lo que dije antes, olvídenlo por un rato. Se viene la magia. Menos charla, más acción.
Guarda que el tuquero hoy está inspirado. Ahora te quiero ver (y oír).
Por esta zona, otro es el color del paisaje, otra es la mala compañía. Boulevard Buenos Aires semidesierta, contiene a un grupo de rumbos difíciles de encaminar. Patean botellas vacías, hacen música con un falso cajón peruano, le ruegan al mundo que no los dejen fuera de él, y ese tipo de cosas.
Gracias a quién sabe, cada uno de ellos tiene a alguien al lado para ser escuchado. Y eso vale, chabón. Son historias mínimas que no van a la alcantarilla porque no merecen morir ahí, solas y abandonadas. Si la noche es tan larga, ganemos tiempo prestándonos atención.
Está bueno tener junto al sonido de tus pasos a un charlatán querible, capaz de entorpecerte el bocho a base de teorías o relatos ficticios, paridos por una mente psicodélica, y a su vez, muy sensible. Eso sí, cuando se pueda meter bocadillo, habrá que saber retrucar. Y si no estás a la altura, callate. Fumá. Justamente eso une este encuentro.
Los que se consideran artesanos levantan la mano e inician la ronda, mientras, el resto se refriega las manos. Todo lo que dije antes, olvídenlo por un rato. Se viene la magia. Menos charla, más acción.
Guarda que el tuquero hoy está inspirado. Ahora te quiero ver (y oír).
lunes, 3 de mayo de 2010
Tóxica
La pachanga sigue ahí adentro y ella debe estar moviendo la patita. No la quiero ver, me hace mal. Ya sé cómo baila, ya sé que me gusta, por eso salí a morder el intimidante frío de la madrugada.
El vecino está escuchando a Los Decadentes, como si no hubiera suficiente quilombo fiestero en el barrio. "Yo no sé lo que me pasa cuando estoy con vos...". Ese Perro Serrano tiene un don para cantar lo que siento.
Allá a lo lejos se acerca algo de compañía. Lo conozco, es mi amigo y lo será hasta que se mude otra vez. ¿Que qué hago acá afuera tomando fresco? Es que la postura melancólica a veces garpa más. Me encantaría prender un cigarrillo para enriquecer la secuencia, pero no fumo. Mi amigo tampoco. Charlamos sobre la vida misma.
30 minutos de divague bastará para que se acerque otro fugitivo. Trae chimentos de la fiesta, eso animará la próxima media hora. Mucha risa por aquí, ninguna es para la cumpleañera. A propósito, deberíamos entrar, estamos quedando mal frente a todos. Y bueh.
¡Mesa dulce! Ma sí, le digo que la amo.
El vecino está escuchando a Los Decadentes, como si no hubiera suficiente quilombo fiestero en el barrio. "Yo no sé lo que me pasa cuando estoy con vos...". Ese Perro Serrano tiene un don para cantar lo que siento.
Allá a lo lejos se acerca algo de compañía. Lo conozco, es mi amigo y lo será hasta que se mude otra vez. ¿Que qué hago acá afuera tomando fresco? Es que la postura melancólica a veces garpa más. Me encantaría prender un cigarrillo para enriquecer la secuencia, pero no fumo. Mi amigo tampoco. Charlamos sobre la vida misma.
30 minutos de divague bastará para que se acerque otro fugitivo. Trae chimentos de la fiesta, eso animará la próxima media hora. Mucha risa por aquí, ninguna es para la cumpleañera. A propósito, deberíamos entrar, estamos quedando mal frente a todos. Y bueh.
¡Mesa dulce! Ma sí, le digo que la amo.
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